mirando tu retrato,
me encierro en los recuerdos que me hicieron inmensamente feliz.
Conectadas nuestras manos, caminabamos por la vida,
libres como el viento, con los corazones llenos de alegría.
Quién diría en aquel momento que nuestras risas se callarían?
Ya no hay brazo que me abrace,
ni mano que me sostenga;
ahora cargo sola mis penas, aferrada a tu retrato,
resignada a los recuerdos complices del dolor,
este dolor que cala el alma, no entiende de lágrimas,
ni sabe de amor.
Pero aún camino y seguiré caminando,
aferrada a un retrato salpicado de lágrimas
que empapan el dolor ...
...de un triste corazón!

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